jueves, 18 de noviembre de 2010

Cuento 1

Henry era siempre el blanco de toda burla. Desde que vino a España, con 8 años, hasta ahora, con 12, siempre se habían reído del color de su piel, de sus ropas anticuadas o de su forma de pronunciar ciertas palabras en castellano. Pero sin duda el que más le hacía sufrir era Iván, un niño rico y engreído, el más popular de la clase.

Un día Henry paseaba solo (como siempre) por su barrio cuando oyó un golpe acompañado de un grito. Salió corriendo para ver qué sucedía y para su sorpresa ahí estaba Iván en el suelo llorando y con todo el peso de su bicicleta sobre una pierna ensangrentada.
- ¡Iván! ¿Estás bien? Espera, te ayudaré, dijo Henry con decisión.
- Me duele mucho, lloriqueó Iván.
- Ven, apóyate en mí, te llevaré  a tu casa.
Henry le llevó casi en volandas a su casa con la mayor suavidad posible e intentando entretener a Iván para que éste pensara menos en el dolor.

Al día siguiente Iván llegó al colegio con la pierna vendada, un par de muletas y una expresión muy seria en la cara. Se acercó a Henry y le dijo:
-Oye, negrito, ¿te apetecería venir a mi cumpleaños el sábado?
- Claro, me encantaría, contestó éste ya que era la primera vez que le invitaban a un cumpleaños.
- Por cierto, dijo el lesionado, gracias por lo de ayer y perdona por las veces que me he portado mal contigo. ¿Amigos?
- ¡Amigos!, respondió Henry con una sonrisa.

Los niños se dieron la mano en señal de pacto y desde entonces nadie volvió a ver al uno sin el otro, se convirtieron en los mejores amigos.

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